lunes, 19 de abril de 2010

Notas de la Habana

Un poco de lo que escribi tomandome unas chelas en un barcito de La Habana, Cuba.

En la Habana el tiempo no pasa, parece que se quedó detenido hace 30 años atras al igual que las costumbres. Por eso el tiempo no pasa para aquellas personas que bajo una buena sombra se sientan a conversar, a compartir un momento o solamente mirar gente pasar, y como esas personas tambien hay quien mira al mundo desde una ventana o un balcon, en cada cuadra se encuentra alguien curioseando desde una ventana, mirando gente pasar como pasan los segundos en este reloj sin segundero.

El reloj se detiene tambien en las fichas de dominó que desparramadas en una mesa juntan hombres a su alrededor que con un buen puro o unos cigarros comparten este juego tan popular. Y si digo popular no puedo dejar de lado el deporte nacional, el beisbol, o más conocido aquí como "la pelota", juego que con cada batazo que se da en las calles parece asustar al correr de los segundos. No importa que se use para jugar, una tapita de gaseosa y un palo de escoba son más que suficiente para despuntar el vicio y el gusto de quienes a viva voz lo juegan.

El paso del tiempo aqui se bebe y sabe mejor con cada botella de ron que se vacia junto al muro del Malecón. Quiza ningun ron sepa mejor que este bañado por la brisa marina, sabor a sal y adornado por la belleza, sensualidad y simpatía de las mujeres que recorren la silueta de la costa.

Los coches siguen avanzando por las calles de esta ciudad, se cruzan, frenan, doblan, retroceden, aparcan a pesar de que el tiempo se ha estacionado en ellos.

En La Habana el tiempo ha quedado atrapado entre las paredes de las amplias, coloridas y destruidas casas, casas que siempre ofrecen su hospitalidad a puertas, ventanas y brazos abiertos.

Entre las arrugas de los cientos de ancianos que poblan esta ciudad quedó agarrado el tiempo, y con cada arruga que el tiempo forma en las pieles de estas personas más vivas se sienten, por más que las distintas necesidades se encuentren a flor de piel, como así tambien las alegrías por las cosas y los placeres más simples que nos da la vida.

Aqui el tiempo no se esfuma como el humo de los puros y cigarros que son quemados en la boca de la mayoría de los habitantes de bares, el tiempo parece olvidarse de su paso al quedar atrapado dentro de los pulmones de los fumadores.

El tiempo se asombra, escucha y oye el sonidos de alguna de las tantas de guitarras que resuenan en algun rincon de esta ciudad, y es asi que el vibrar de las cuerdas apaga el sonido de las campanas de las iglesias para detener el avance de una nueva hora.

Y ahora al releer todo esto me doy cuenta que el tiempo ha quedado plasmado en esta nota, y a su vez el tiempo ha tomado la forma de mis sensaciones, sentimientos, pensamientos, experiencias y vivencias que he tenido en mi breve estancia en esta ciudad en medio de esta isla perdida en el tiempo y que afortunadamente he tenido la oportunidad de conocer.

En fin... esto es un poco de lo que me dio por escribir en este lugar que realmente me apasionó...
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