jueves, 22 de septiembre de 2011

Segunda parada portuguesa: Porto.

Salimos de Lisboa en autobus con dirección a Porto. Por suerte apenas al subir al bólido llegó a mi movil un mensaje de otra persona de Couchsurfing que iba a poder alojarnos al llegar a la ciudad, asi que aproveché la conexión de Wi-Fi que había en el colectivo y terminé de arreglar con el como sería el encuentro al llegar a la terminal.

Llegados a la ciudad, nos dirigimos a un restaurante muy tradicional ubicado detrás del Ayuntamiento, donde cenamos junto a Fernando tres platos de peces diferentes acompañados por el tradicional vino verde (vino espumante) que se bebe en esta ciudad. Fernando ha recibido en su casa a más de 1000 visitantes de casi todas las nacionalidades del mundo, por eso la cena se fue entre anectdotas, vino, uvas, risas y chupitos.

Luego de la cena tomamos el metro hasta su casa para dejar las mochilas y luego acompañar a nuestro anfitrión hasta el club de barrio donde suele jugar a las cartas con sus amigos. Ahi pudimos probar el famoso "Moscatel", un tipo de vino o licor que te calienta el pico como loco. Es así que con la sonrisa dibujada con Pepe nos lanzamos a recorrer algunas calles centricas de la ciudad con la camara bajo un brazo y el trípode bajo el otro. Llegamos hasta la zona de la universidad y los bares que la rodean, y nos vimos sorprendidos por la cantidad de gente que estaba bebiendo en este sitio a pesar de ser un martes.
Al otro día nos levantamos y sin tener tiempo de desayunar (cosa que me recordó Pepe durante todo el día ya que el no puede salir por la mañana sin tomar mates durante una hora y un poco más...) salimos a recorrer con la gente de CouchSurfing la ciudad. Pasamos por varios museos, entre ellos el de monedas y el de Fotografía para luego ir a desayunar al Cafe "Galeria de París", un bar típico de la ciudad. En esta ciudad tambien nos encontramos con tranvias recorriendo las calles de la ciudad.

Con la panza llena, ya nos dirigimos a la librería más linda del mundo, un sitio centenario de una belleza formidable. Por la tarde visitamos algunas iglesias y la zona centrica, junto a la estación de trenes de San Bento, adornada por miles de azulejos que impactan de gran manera. Llegó la hora de almorzar y de nuevo fuimos al mismo restaurante de la noche anterior para degustar de un cocido a la portuguesa, que no me gustó tanto como el Madrileño.

Al finalizar el almuerzo, seguimos recorriendo el centro de la ciudad, fuimos al mercado central, para esta vez cruzar el puente y dirigirnos a la parte de la ciudad donde estan muchas de las bodegas que hay en esta ciudad. Cruzar el puente es impresionante, la vista que de ambas partes de la ciudad y del rio es muy bonita. Descendiendo por los callejones llegamos a una de las bodegas donde dimos un pequeño tour por dentro de la misma para finalizar el mismo probando una copita de vino dulce. A la vuelta volvimos a cruzar nuevamente el puente, aunque esta vez por debajo, y luego subimos para volver a la casa de Fernando a descansar un poco.
Como quedamos tan impactados con el puente, decidimos por la noche regresar al mismo para efectuar algunas fotos nocturnas del mismo y de la vista de la ciudad.
Por la noche volvimos justo al departamento donde pude ver y sufrir con la derrota de Newell´s, mi querido equipo que sigo sin entender porque aumenta mi fanatismo con el mismo cada vez que estoy de viaje o fuera de Rosario.

Las ultimas horas en Porto las aprovechamos para visitar la Casa de la Música, y dirigirnos hacia otro de los puentes y recorrer una de las costa del río que pasa por la ciudad.
Fue así que dejamos esta ciudad mágica, donde se conservan muchas construcciones antiguas, que contrastan con los estudiantes que inundan este sitio, aunque tambien se observan muchisimos ancianos caminando por ahi, o sentados en la puerta de su casa, o comprando en el mercado central. Esta ciudad tambien conserva comercios y lugares de otro siglo. Según leí en un recorte de un periódico todavia existe en Porto una tienda que solo vende trampas para ratas y ratones. Estos pequeños detalles te hacen creer que por momentos te encuentras en una ciudad de hace cuarenta o cincuenta años atras. Me despedí de esta ciudad y de este país con la certeza de que voy a regresar más adelante para poder conocerlo mejor, con la esperanza de poder conocer más gente de este sitio que sin dudas me ha parecido muy atenta y amable. Me voy de Lisboa y de Porto con una grata sorpresa y con una gran alegria.
Porto, parte de Portugal.
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