Finalmente y despues de tanto sufrir, por suerte pude volver a España para trabajar por tercer año consecutivo como socorrista, y por segundo año consecutivo en el pueblo de Cercedilla, ubicado a unos 55 kilometros de la ciudad de Madrid.
Como siempre el vuelo de llagada al pueblo fue accidentado, ya que viajo una señorita que estaba desequilibrada, por lo tanto insultaba a las aeromozas y a los otros pasajeros, tambien empujando o golpeando a algunos de los mismos. La cuestión es que llegue a Barajas y rápidamente me vine para el pueblo, donde deje las cosas en mi nuevo piso y me fui a trabajar a la misma piscina del año pasado.
La verdad es que me lleve una grata sorpresa, ya que a los pocos minutos de volver al pueblo, caminando por la calle ya me saludo alguna que otra persona que vive aqui todo el pueblo, ni hablar al salir por la noche, que ya me encontre a mucha gente más. Esto de conocer a la gente del pueblo es algo que realmente me gusta muchísimo, y mas al venir de una ciudad como Playa del Carmen, donde ahi no saludaba ni al vecino, todo el tiempo gente diferente, en contraste aqui con Cercedilla, donde uno va al supermercado y te pones a hablar con el carnicero, vas a un bar y siempre alguien te invita alguna cerveza para amenizar una charla. Y una gran alegría me dio tambien volver a ver a mi viejo amigo Esteban, que se quedó a vivir todo el año aquí y sobrevivió al invierno. Para ponernos al día nos fuimos a beber unos tubitos al Snow Bar de nuestro amigo el Litri.
La verdad es que tengo una felicidad inmensa de volver a estar aqui, fue mucho el sufrimiento y la incertidumbre para poder regresar, por eso, esta vez ya me siento realizado al haber pisado nuevamente esta tierra a la falda de los 7 Picos, que desde lo alto contemplan y protegen a este pueblo que ya forma parte de mi corazón.
Lugares, personas, paisajes, sabores, experiencias y todas las vivencias que este mochilero transforma en palabras, relatos e imagenes...
miércoles, 16 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Rosario siempre estuvo cerca...
Y finalmente volvi a mi ciudad. Ciudad que la encuentro muy agitada despues del descenso de Central. Ciudad que crece a pasos agigantados. Ciudad que no me permite recordar los nombres de algunas calles. Ciudad que me hace cruzar con amigos caminando por la calle. Ciudad que me encuentra con conocidos que no te saludan.
Rosario, mi ciudad, a la que tantas veces no siento como mía. Ciudad a la que tantas veces olvido un poco. Ciudad que cuando la piso la hecho de menos. Rosario, que cosas raras que me haces sentir, pero no puedo evitarlo, te quiero y te detesto a la vez, con 28 años todavia no te entiendo...
Pero Rosario tiene a mi familia, mis viejos, mis primos hermanos y todos sus hijos que son lo que mas me duele cuando estoy lejos, mis ti@s, y los amigos de siempre y los no tan de siempre, y ese medico-amigo que siempre me da una mano.
Y esta semana en Rosario se me escapó del calendario y el reloj. Tramites, gente visitada y sin visitar, partido futbol con lesión incluida, encuentros deseados y otros no tantos, asados, carlitos, pizzas, helados, Fernet, alfajores, el frio húmedo de siempre, las hermosas mujeres de sus calles, el Paraná bailando y curvandose en tu orilla, tu monumento a esa bandera Argentino que en lo alto se ondulea al vaiven del viento.
Rosario, ahora si que entiendo un poco más porque siempre estuviste cerca.
Rosario, mi ciudad, a la que tantas veces no siento como mía. Ciudad a la que tantas veces olvido un poco. Ciudad que cuando la piso la hecho de menos. Rosario, que cosas raras que me haces sentir, pero no puedo evitarlo, te quiero y te detesto a la vez, con 28 años todavia no te entiendo...
Pero Rosario tiene a mi familia, mis viejos, mis primos hermanos y todos sus hijos que son lo que mas me duele cuando estoy lejos, mis ti@s, y los amigos de siempre y los no tan de siempre, y ese medico-amigo que siempre me da una mano.
Y esta semana en Rosario se me escapó del calendario y el reloj. Tramites, gente visitada y sin visitar, partido futbol con lesión incluida, encuentros deseados y otros no tantos, asados, carlitos, pizzas, helados, Fernet, alfajores, el frio húmedo de siempre, las hermosas mujeres de sus calles, el Paraná bailando y curvandose en tu orilla, tu monumento a esa bandera Argentino que en lo alto se ondulea al vaiven del viento.
Rosario, ahora si que entiendo un poco más porque siempre estuviste cerca.
lunes, 7 de junio de 2010
Visita relámpago a Argentina.
Afortunadamente puedo volver a ir a trabajar otra vez a España, pero antes de esto tengo que regresar nuevamente a mi país para poder hacer el visado de trabajo correspondiente, es asi que cambie por tercera vez mi pasaje y regrese a esta tierra.
Que mejor manera de volver al pais, tomar un remis de Ezeiza a Retiro y que el chofer sea un hincha fanatico de Racing y bien porteño el hombre, fue como una dosis demasiado elevada de argentinidad, pero simpatica y curiosa. Gracias a este señor y al programa de radio que estaba escuchando tuve un pantallazo general de la situacion politica, social y futbolistica del pais reducida en un tiempo de 45 minutos.
Dejo la mochila en la estacion de Autobuses y me meto como un porteño más en el ritmo frenetico de esta ciudad para llegar a tiempo a una delegacion de la policia federal y comenzar a realizar tramites burocraticos. Por suerte llego a horario, y no tardan más de 10 minutos en atenderme.
Luego de solicitar el certificado de Antecedentes penales, cambio mi punto de vista, y esta ciudad se transforma ante mí. Capital Federal ofrece su magia, caminar por las calles de Buenos Aires con el sentimiento de ser un turista y sentirse lejano a este país es una delicia para la vista y el corazón, y es así que me inunda una profunda melancolía por haber pasado estos meses lejos de esta tierra. Quiza sean las calles y esquinas que me recuerdan algun tango, pero de repente apareció esta melancolía mezclada con una alegria que me empuja a derramar algunas lagrimas y que me hacen sentir nuevamente Argentino. Y que mejor que en este ataque de Argentinidad que ir a comer una buena pizza de muzzarela, fugazzeta y una empanada de carne en plena calle Corrientes. Es tanta la alegría de mi paladar que mi boca le comenta al camarero lo mucho que estas dos triangulos de maza y ese disco relleno significan para saciar mi hambre y mi corazón.
Luego de la delicia gastronomica, nada mejor que llamar a viejos amig@s de esta ciudad y de Rosario, hablar un poquito con ellos y quedar en encontrarme para disfrutar una cena con gente que realmente me conoce, no sin antes seguir paseando por plazas, parques y la costanera para mirar la puesta del sol.
Al dia siguiente continua la lucha contra burocracia, pero todo transcurre lentamente y sin alterar mi estado de conciencia, que intenta orientar todos mis sentidos al pleno disfrute de esta ciudad que cada vez me maravilla más.
Ya terminé los tramites, ahora me queda la vuelta a la ciudad que me dio a luz y que me vio crecer, la tan linda como intrigable Rosario, que no se como se presentara ante mi, aunque presiento que sera una experiencia inigualable, nunca hay nada como volver a la familia y los amigos.
Que mejor manera de volver al pais, tomar un remis de Ezeiza a Retiro y que el chofer sea un hincha fanatico de Racing y bien porteño el hombre, fue como una dosis demasiado elevada de argentinidad, pero simpatica y curiosa. Gracias a este señor y al programa de radio que estaba escuchando tuve un pantallazo general de la situacion politica, social y futbolistica del pais reducida en un tiempo de 45 minutos.
Dejo la mochila en la estacion de Autobuses y me meto como un porteño más en el ritmo frenetico de esta ciudad para llegar a tiempo a una delegacion de la policia federal y comenzar a realizar tramites burocraticos. Por suerte llego a horario, y no tardan más de 10 minutos en atenderme.
Luego de solicitar el certificado de Antecedentes penales, cambio mi punto de vista, y esta ciudad se transforma ante mí. Capital Federal ofrece su magia, caminar por las calles de Buenos Aires con el sentimiento de ser un turista y sentirse lejano a este país es una delicia para la vista y el corazón, y es así que me inunda una profunda melancolía por haber pasado estos meses lejos de esta tierra. Quiza sean las calles y esquinas que me recuerdan algun tango, pero de repente apareció esta melancolía mezclada con una alegria que me empuja a derramar algunas lagrimas y que me hacen sentir nuevamente Argentino. Y que mejor que en este ataque de Argentinidad que ir a comer una buena pizza de muzzarela, fugazzeta y una empanada de carne en plena calle Corrientes. Es tanta la alegría de mi paladar que mi boca le comenta al camarero lo mucho que estas dos triangulos de maza y ese disco relleno significan para saciar mi hambre y mi corazón.
Luego de la delicia gastronomica, nada mejor que llamar a viejos amig@s de esta ciudad y de Rosario, hablar un poquito con ellos y quedar en encontrarme para disfrutar una cena con gente que realmente me conoce, no sin antes seguir paseando por plazas, parques y la costanera para mirar la puesta del sol.
Al dia siguiente continua la lucha contra burocracia, pero todo transcurre lentamente y sin alterar mi estado de conciencia, que intenta orientar todos mis sentidos al pleno disfrute de esta ciudad que cada vez me maravilla más.
Ya terminé los tramites, ahora me queda la vuelta a la ciudad que me dio a luz y que me vio crecer, la tan linda como intrigable Rosario, que no se como se presentara ante mi, aunque presiento que sera una experiencia inigualable, nunca hay nada como volver a la familia y los amigos.
sábado, 5 de junio de 2010
Nuevamente el Mexico DF
El viaje por Mexico esta llegando a su final, y la ultima parada es el Distrito Federal, lugar al que decidi volver para visitar las ruinas de Teotihuacan, el Museo Mural de Diego Rivera y el Museo de Antropología.
Me vi sorprendido tambien por una manifestacion muy grande que cada tarde paralizaba las calles que rodean el Zocalo, situacion que le dio una pasividad considerable a este sitio.
La verdad es que el DF tiene su encanto que a veces se pierde un poco en la locura de las masas de personas que la pueblan, pero creo que en base a eso reside dicho encanto.
Ya ha pasado bastante tiempo desde que pise por primera vez esta ciudad, no puedo creer que 7 meses han pasado, a veces me parece que hace muchisimo tiempo que estoy en este país, a veces me sorprendo y creo que llegué hace pocos días, lo que si me situa un poco es que estoy extrañando muchisimo la comida Argentina y la Española. Algunas comidas aqui son muy ricas, pero no hay nada como un buen asado o como una buena tortilla de patatas.
Me vi sorprendido tambien por una manifestacion muy grande que cada tarde paralizaba las calles que rodean el Zocalo, situacion que le dio una pasividad considerable a este sitio.
La verdad es que el DF tiene su encanto que a veces se pierde un poco en la locura de las masas de personas que la pueblan, pero creo que en base a eso reside dicho encanto.
Ya ha pasado bastante tiempo desde que pise por primera vez esta ciudad, no puedo creer que 7 meses han pasado, a veces me parece que hace muchisimo tiempo que estoy en este país, a veces me sorprendo y creo que llegué hace pocos días, lo que si me situa un poco es que estoy extrañando muchisimo la comida Argentina y la Española. Algunas comidas aqui son muy ricas, pero no hay nada como un buen asado o como una buena tortilla de patatas.
sábado, 29 de mayo de 2010
Vivir el Surf...
Esto lo escribi en el departamento al volver de un hermoso dia de surf...
Despertarse bien temprano, con el alba amaneciendo, con ese rayito de sol que timidamente entra por mi ventana y que anuncia al dia que esta naciendo.
Rico y nutritivo desayuno por la mañana, la mochila en la espalda, musiquita amable o un reggea sonando en el ipod mientras el camion rueda sobre sus llantas. Esas primeras olas que se divisan desde la carretera que atraviesa las montañas, el olor a sal que me llega con la brisa al bajar en la parada del autobus.
El tramite de cubrirme de protector como de cera cubro la tabla, para luego enfilar hacia la playa. Mover un poco los brazos, estirarlos, calentarlos. Atar el grip a mi tobillo izquierdo, ver que el mar no esta muerto, acostar el long sobre la inquieta superficie del agua y saltar sobre el mismo para empezar a remar.
Atravesar las primeras rompientes, apurarse para no quedar bajo una de ellas, alcanzar el sitio donde relajarse, descansar y esperar paciente el set que en algun momento esta por llegar. Saludar a algun que otro conocido, respirar el aire marino, calentarse con el solecito amarillo, mirar el vuelo de algun pelícano, sentirse en paz con uno mismo.
Y por fin el nivel del agua se eleva, las ondulaciones su tamaño aumentan. Medir, remar y agarrar la primer ola, meterse dentro de ella, fluir en su recorrido hacia la arena, esa danza curva que se baila hasta la orilla. Pararse, subir, bajar, desplazarse y reirse mientras se hace el recorrido, para luego caer torpemente ante algun desequilibrio. Asi es como uno puede sentirse con esa pared de agua una sola unidad, ola que te empuja, te arrastra, te inunda, no de agua sino de vida.
Paso la adrenalina, volver a remar y nuevamente a empezar con esa ola que vendrá con la mar. Y asi las horas con sus minutos pasan como las olas. No se tiene suficiente surf hasta que el cuerpo despierta de nuestro inconciente y el dolor apenas se siente fisicamente pero los brazos y la espalda un descanso agradecen.
No sé precisamente en cual de todos estos momentos me enamoré del surf. Solamente se que me sentí bien vivo en todo este ritual. Tan vivo como cuando mis manos mi guitarra hacen sonar, como cuando un dedo toma esa linda foto que mis ojos acaban de mirar. Como cuando a un nuevo destino acabo de arribar, como cuando el fernet, un asado y amigos se pueden juntar. Como cuando mis sobrinos rompen el silencio con solo reir, como cuando unos simples parrafos termino de escribir, como en muchos otros simples momentos de la linda aventura de atraverse a vivir.
Despertarse bien temprano, con el alba amaneciendo, con ese rayito de sol que timidamente entra por mi ventana y que anuncia al dia que esta naciendo.
Rico y nutritivo desayuno por la mañana, la mochila en la espalda, musiquita amable o un reggea sonando en el ipod mientras el camion rueda sobre sus llantas. Esas primeras olas que se divisan desde la carretera que atraviesa las montañas, el olor a sal que me llega con la brisa al bajar en la parada del autobus.
El tramite de cubrirme de protector como de cera cubro la tabla, para luego enfilar hacia la playa. Mover un poco los brazos, estirarlos, calentarlos. Atar el grip a mi tobillo izquierdo, ver que el mar no esta muerto, acostar el long sobre la inquieta superficie del agua y saltar sobre el mismo para empezar a remar.
Atravesar las primeras rompientes, apurarse para no quedar bajo una de ellas, alcanzar el sitio donde relajarse, descansar y esperar paciente el set que en algun momento esta por llegar. Saludar a algun que otro conocido, respirar el aire marino, calentarse con el solecito amarillo, mirar el vuelo de algun pelícano, sentirse en paz con uno mismo.
Y por fin el nivel del agua se eleva, las ondulaciones su tamaño aumentan. Medir, remar y agarrar la primer ola, meterse dentro de ella, fluir en su recorrido hacia la arena, esa danza curva que se baila hasta la orilla. Pararse, subir, bajar, desplazarse y reirse mientras se hace el recorrido, para luego caer torpemente ante algun desequilibrio. Asi es como uno puede sentirse con esa pared de agua una sola unidad, ola que te empuja, te arrastra, te inunda, no de agua sino de vida.
Paso la adrenalina, volver a remar y nuevamente a empezar con esa ola que vendrá con la mar. Y asi las horas con sus minutos pasan como las olas. No se tiene suficiente surf hasta que el cuerpo despierta de nuestro inconciente y el dolor apenas se siente fisicamente pero los brazos y la espalda un descanso agradecen.
No sé precisamente en cual de todos estos momentos me enamoré del surf. Solamente se que me sentí bien vivo en todo este ritual. Tan vivo como cuando mis manos mi guitarra hacen sonar, como cuando un dedo toma esa linda foto que mis ojos acaban de mirar. Como cuando a un nuevo destino acabo de arribar, como cuando el fernet, un asado y amigos se pueden juntar. Como cuando mis sobrinos rompen el silencio con solo reir, como cuando unos simples parrafos termino de escribir, como en muchos otros simples momentos de la linda aventura de atraverse a vivir.
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